• Gender analysis on COVID-19 pandemic

    In a recent publication, the Sexual Policy Watch analyses the fight against COVID-19 from a gender perspective. This article has been written in spanish. Here is the link: "Going back to usual".

  • "One Health and One Home: On the Biopolitics of COVID-19" by Miguel Vatter

    We share you this article written by Miguel Vatter. In this text, Vatter discuss the idea of  "One Home and One Health" to resist the COVID-19 pandemic. The full article in the following link: One…

  • “Homo Natura: Nietzsche, Philosophical, Anthropology and Biopolitics”, Vanessa Lemm’s new book

    "Nietzsche coins the enigmatic term homo natura to capture his understanding of the human being as a creature of nature, and tasks philosophy with the renaturalisation of humanity. Following Foucault’s critique of the human sciences,…

  • Compilation about COVID-19 by TOPIA: Canadian Journal of Cultural Studies

    This is a rapid response collection of essays made by Topia review and University of Toronto Press. This special number of Topia, we can found Canadian-based scholars working in the field of biopolitics to write…

  • Coronavirus and biopolitics

    Before the pandemic situation, the European Journal of Psychoanalysis reunites multiple voices around the relation between biopolitics and Coronavirus. Follow the next link to access to the articles: Coronavirus and philosophers.

Events

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22Aug
Biopolitics ECPR General Conference, Universität Hamburg
22 Aug 2018
Universität Hamburg

Panel: Biopolitics, ECPR General Conference, Universität Hamburg, Universität Hamburg, August 22-25, 2018 

07Nov
The Ends of Democracy: Populist Strategies,…
07 Nov 2017
SESC Unidade Pompeia São Paulo, Brazil

The Ends of Democracy: Populist Strategies, Skepticism about Democracy, and the Quest for Popular Sovereignty, November 7-9,…

  • Miguel Vatter

    Professor of Political Science, School of Social Sciences, Faculty of Arts and Social Sciences, UNSW…

  • Miguel Ruiz Stull

    Professor in the Arts Faculty of the Universidad de Chile. PhD in Philosophy from the…

  • Adán Salinas A.

    Chilean. Professor of philosophy and degree in education by the UCSH. Master in philosophy, with…

  • Vanessa Lemm

    PhD in Philosophy from the New School for Social Research, USA (2002), Master in Philosophy…

  • Catherine Mills

    Associate Professor Catherine Mills is an ARC Future Fellow in the Centre for Human Bioethics…

  • Yasmeen Arif

    Yasmeen Arif is Associate Professor in Sociology, Delhi School of Economics, University of Delhi, India.…

         

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Es evidente que la grave pandemia covid_19 azota a la humanidad como especie, aunque todas las reflexiones giren en torno a los efectos inmediatos sobre la breve forma particular del orden de las cosas que reconocemos como nuestra cultura planetaria. Volveré al punto. Sobre el origen de ese acontecimiento no arriesgaré ninguna hipótesis: ni de guerra comercial, ni estrategia geopolítica, ni accidente científico, ni criminalidad farmacéutica, ni malevolencia del capitalismo para librarse de población precariamente productiva, ni de una supuesta justicia, ciega por fin, que infecta a todos, sean ricos o pobres, mujeres u hombres, colonialistas o colonizados. No arriesgo en ese terreno, entre otras cosas, porque desde mi casa nada cierto puedo saber ahora sobre ello, y quizás solo unas pocas personas lleguen a saber alguna vez lo que realmente ocurrió. Además, porque si se mira con retrospectiva histórica, las causas de las plagas y de los desastres, por más que conlleven efectos estructurales y subversivos, pasan a planos secundarios frente al estudio de las reacciones que producen, de las políticas que instauran, de los intereses que aguzan, de los reacomodos que sacuden, de las rupturas definitivas que instauran o de las lentas transformaciones que comportan.
Como investigador social confinado (pero no aburrido, porque como decía Marc Bloch: los historiadores nunca nos aburrimos en circunstancias como estas porque nos interesa sobremanera el espectáculo humano) más que intentar otra hipótesis sobre las causas fortuitas o inducidas del coronavirus, optó por la más interesante tarea de observar las prácticas y los discursos que se generan vertiginosamente en estas condiciones de excepción, entre los cuales, por supuesto, también están esas posiciones cruzadas sobre el origen de la pandemia. Así pues, esta es una reflexión incidental sobre lo que los medios nos permiten o fuerzan saber, sobre lo que dicen, hacen y ven sectores políticos, culturales y académicos, sobre la expansión del coronavirus.
Un primer asunto que llama la atención en los mensajes de políticos, de intelectuales, de literatos, de académicos, de docentes, de administradores, de millonarios que se toman el derecho a hablar y de periodistas que creen tenerlo, es que muchos de ellos están de acuerdo, y cada uno lo manifiesta a su modo, en anunciar una ruptura definitiva con lo que éramos antes de la pandemia porque “la amenaza llegó para quedarse” y ya nada seguirá siendo igual que antes (Zizeck, 2020, p. 25). Escucharlos hace pensar necesariamente en Michel Foucault. Este profesor francés, bien documentado y con estudios epocales de largo aliento, denominados por él mismo como arqueológico y genealógicos, a través de la pregunta ¿cómo una sociedad en unas pocas decenas de años dejaba de pensar como pensaba y comenzaba a pensar de otro modo? identificaba rupturas, umbrales epistemológicos, cambios decisivos en el orden general de las cosas. Es decir, cambios definitivos en: “los códigos fundamentales de una cultura que fijan de antemano para cada hombre los órdenes empíricos con los cuales tendrá algo que ver y dentro de los que se reconocerá” (Foucault, 1968, p. 5). Bien distinta es la base argumentativa de las profecías de hoy: parecen, mejor, cierta retórica intimidatoria para, por miedo, culpa o resignación, encausar los comportamientos sociales hacia nuevos territorios de interés económico, de control político y de gobierno de la población.

¿Qué significa anunciar que “el mundo después del coronavirus no volverá a ser el mismo? Nada y todo. No significa nada en términos de ciencia, pero significa todo en términos político-económicos. Ciertamente, no significa nada. Después de la peste negra, después de las guerras mundiales, después del 11 de septiembre, por más avisados oráculos que anunciaron cambios definitivos, el mundo siguió siendo lo que era, pero con la experiencia de otra pandemia, otra guerra, otro acontecimiento en la larga historia de la aventura vital de una especie sin más destino que lo abierto para construir el mundo que habita (Agamben, 2006; Gehlen, 1993; Leroi-Gourhn, 1971). Por tanto, decir grandilocuentemente que el mundo no volverá a ser el mismo es básicamente una retórica inútil entre los extremos de una obviedad (el cambio) y de una exageración (que sea absoluto). Y, la frase también lo es todo, esta vez en términos de poder, porque con ella se inocula una sensación de incertidumbre general que después de la coyuntura será posible llenar con multiplicidad de decisiones radicales, seguramente parcializadas y autoritarias, que tendrán como justificación inapelable la tiranía mortal del coronavirus: la vida ha cambiado por la pandemia y nadie más que ella tendrá la culpa de inéditas excepciones.
Como decía Michel Serres en Atlas, “todo cambia, pero nada cambia”. Volveremos a ser turistas, empleados, estudiantes, políticos, periodistas, profesores. Será más fácil que transformemos al coronavirus en objeto de mucha investigación, de más humor meme o en multiplicidad de noticias, a que la pandemia nos convierta a nosotros en otra cosa completamente diferente ¿qué investigador tiene como referencia de cambio definitivo de la sociedad la gripe española de 2018 que mató entre 20 y 40 millones de personas? El peligro radica, permítanme insistir, en que en ese manido: “después de esto no volveremos a ser lo que hemos sido”, se entrevén justificaciones por adelantado de decisiones verticales en términos de poder político, económico e intelectual, revestidos de retóricas de sacrificio y de solidaridad. Veo en esa fácil premonición el mismo tipo de manipulación ideológica de nociones como crisis, utilizadas para generar resignación y aniquilar la acción a la espera de que, después de la supuesta tormenta, llegue una calma que nunca llegará porque no hubo tormenta sino ejercicio ininterrumpido del poder.
El segundo aspecto que llama la atención es una especie de pensamiento crítico que comparten, casi sin variaciones esenciales, desde los sectores más humildes de la sociedad hasta las clases académicas de mayor nivel. En las calles, en las filas para comprar víveres o bancos, en la propia familia, día a día se explica de la manera casi lógica lo que está ocurriendo: conspiraciones, confabulaciones, trampas del gobierno: La gente común conjunta explicaciones tipo Hollywood que, además, sirven de pretexto y de resistencia para incumplir normas, violar códigos y continuar viviendo normal “pese a los estúpidos que no se dan cuanta de que todo es un invento de la corrupción global”. Los académicos, por su parte, generalmente docentes universitarios, portadores naturales del pensamiento crítico, han encontrado en la pandemia (muchos de nosotros, no todos) un pretexto para legitimar cierta pertinaz resistencia al sistema que generalmente solo encuentra su realización en comentarios aislados entre dientes o en evidente consentimiento inercial disfrazado de indiferencia.
Lo curioso es que, pese a todo, académicos y gente común comparte el impulso inculcado de denuncia a las estrategias de gobierno de la población. Es como sí la crítica al presente se hubiera convertido, con el paso del tiempo, en sentido común de la cultura y de la sociedad. En otras palabras, que de tanto repetir la cantinela del pensamiento crítico, el discurso de resistencia se ha convertido en una forma natural de hablar y de pensar: parte del utillaje mental de la gente en sociedad, pero inhibida en su fin, es decir, con una grave fractura que lo separa de la acción y, mejor, sirve como forma de inmunización personal y colectiva para continuar viviendo en cualesquiera tipo de circunstancias, gracias a cierto embotamiento del pensamiento por la velocidad alucinante de los formatos periodísticos.
En efecto, desde que Foucault le dio trascendencia a la pregunta kantiana ¿qué es la ilustración? la crítica del presente se ha convertido en una zona común que ha alcanzado altas cimas, ciertamente, pero al mismo tiempo produce análisis que rayan a veces en la superficialidad y la banalización. El diagnóstico del presente es ya exuberante: imperio, multitud, sociedad del vacío, capitalismo de ficción, sociedad líquida, transhumanismo, sociedades de gerenciamiento, sociedad del cansancio, sociedad del ejercicio, la era de la información, entre otros; análisis que tratan según sus propios medios de explicarnos los qué somos actualmente, no obstante, la misma exuberancia diagnóstica imposibilita tener una mirada detenida sobre esto que somos en el presente, en cierta forma, como dice Heidegger (2005), porque el presente es un interés compartido por muchos, pero realmente no da qué pensar porque se diluye en la actividad de repetir a los dignosticadores oficiales.
Y no da que pensar porque, tercer asunto a tratar, la cultura cada vez se constituye menos en los dispositivos educativos, en el formato escuela: lo hace en los terrenos evanescentes del periodismo. Este fenómeno altera la academia en dos vías, por un lado, aparecen periodistas que se abrogan el derecho de explicar el mundo, los procesos y los fenómenos sociales, que juzgan el presente y predicen el futuro. Actualmente el periodismo es la voz autorizada para hablar, es el que dice la verdad, el lugar de veridicción, para citar de nuevo a Foucault (2007). Si hasta hace pocos años parecía que el mercado era el lugar de veridicción, el que construía la verdad de la sociedad, hoy parece que la verdad solo es verdadera en las lógicas de los medios de comunicación masiva y, por tanto, los nuevos intelectuales son formateados como periodistas: Vicente Verdú, explica el estilo del mundo; Andrés Opphenheimer se va contra la historia; Tom Wolfe se ríe de Chomsky en el Reino del Lenguaje. Lo llamativo, repito, es que inclusive los académicos terminamos repitiendo a este tipo de periodistas (buenos algunos, no hay que negarlo) encargados de explicarnos el funcionamiento de la sociedad según ellos pretenden modelarla a la imagen de los intereses de las empresas que representan.
Además, la misma intelectualidad trata, por instinto de supervivencia, de parecerse lo mejor posible a los periodistas, con el supuesto prurito altruista de llevar su ciencia a un mayor número de personas. Por ejemplo, autores como Yuval Noah Harari, que presentan síntesis ingeniosa de trabajos científicos serios, se convierten en bestseller, entre otras cosas, por la “periodisticación” del conocimiento. Pero como no siempre es viable hacer pasar periodistas por científicos, se presenta la otra alternativa: cooptar intelectuales, ya no por un Estado represor para morigerar sus posiciones crítica, sino por los medios para domesticar el rating y entretener mientras supuestamente educan. Así, entonces, vemos aparecer los intelectuales más conspicuos en una paradoja: o diciendo tonterías, que no les son propias en su trabajo reflexivo, para que tengan el rostro de chiva o de ejercicio de responsabilidad social de los medios; o otros que, pese a decir cosas de suma importancia, no son escuchados porque el performance periodístico no es para detenerse a pensar sino para hacer circular el pensamiento de manera ágil, en la noticia, en la nota, por WatsApp en cadenas y grupos; y así, en vez de empoderar trabajos sesudos por la divulgación, está misma divulgación excusa de leer cosas verdaderamente profundas de estos intelectuales: bagatelas para leer antes de pasar a los deportes.
Lo anterior no es una crítica alérgica al supuesto exceso informativo como otro modo de opresión-desinformación por los bulos constantes, las mentiras conscientes, las manipulaciones concertadas para, consecuentemente, llegar a inferir que lo mejor sería dejar de oír tanta cosa inútil y limitarse a vivir el confinamiento propio con un libro en la mano. Para nada. No soy partidario de posiciones insensatas (desde el punto de vista de la especie) según las cuales la renuncia a ser lo que somos es la mejor alternativa para la naturaleza, para la humanidad y para el planeta tierra. Una posición que exige dejar de vivir para poder seguir viviendo: esto es, consumir menos, depredar menos, contaminar menos, defender más los recursos naturales, dejar de superpoblar, abandonar lo superfluo y consumir solamente lo “que de verdad se necesita”: un mundo donde todos habiten la naturaleza hasta el fin natural de una vida individual insensata en un rebaño de vacas felices pastando quietas en el fin de la historia (Agamben, 2006). Por tanto, vuelvo a ello, no es una invitación a abandonar el periodismo como exceso patológico de la cultura sino a empoderar a los intelectuales por vía de la educación.
El anterior párrafo me lleva al primer renglón de este escrito: a la especie humana, último asunto a tratar. La pandemia, si bien no es una retaliación de la naturaleza contra el supuesto virus que es la humanidad para ella, lo cierto es que el covid_19 no está atacando un modo de producción, una lógica de poder, un modo de gobierno específicos. Es un problema de la especie y, en ámbitos de la especie es que también debe ser pensado. Según Kant: “Los padres, cuidan de la casa; los príncipes, del Estado. Ni unos ni otros se ponen como fin un mejor mundo, ni la perfección a que está destinada la humanidad”. Y continuaba: “un principio del arte de la educación, que en particular debían tener presente los hombres que hacen sus planes, es que no se debe educar los niños conforme al presente, sino conforme a un estado mejor, posible en lo futuro, de la especie humana; es decir, conforme a la idea de humanidad y de su completo destino”. Poco se ve en los medios esta reflexión por la humanidad a no ser como frases vacías que quieran estimular las muy mediáticas emociones, o las ya mencionadas invitaciones a la paralización del consumo como contrición de la especie por los crímenes contra la naturaleza.
¿Qué significado tiene una pandemia como la presente en términos de la viabilidad de la especie homo sapiens? A este respecto los medios no parecen todavía tener interés y, por el contrario, les parece contraproducente incluir esta dimensión como un problema que da que pensar. No lo incluyen, porque a escala humana es difícil asumir las poses políticamente correctas de las sociedades para asegurar el devenir con cotas ascendentes de bienestar. Hagamos, en favor del argumento, una pregunta molesta y periodísticamente inviable en las lógicas del covid_19: ¿cuántos muertos harían peligrar la especie humana o, mejor, cuántos son justificables y hasta necesarios para garantizar su supervivencia futura? A Carl Sagan le asombraba la soberbia humana que creían ser la única especie con el derecho, para cada individuo, de nacer y morir de viejo sin que ninguna violencia lo afectara pese a su adscripción a una naturaleza derrochadora de vidas. ¿Es viable en términos periodísticos una pregunta como esta? No. Inclusive los medios masivos la exorcizan mediante la manipulación emocional de poner los seres queridos dentro de un grupo de posibles fallecidos y, preguntar, a renglón seguido, cuántos muertos son justificables después de ver a los seres queridos entre ellos. Cultura y especie se oponen: ¡ni un solo muerto en la cultura, dice la emoción! pero al mismo tiempo se reconoce que la especie despilfarra la vida de los individuos por millones para que la especie sea permanentemente viable (Leroi-Gourhan, 1971).
Pese al poco impacto mediático, detenerse en una visión a escala humana es importante desde el punto de vista educativo para pensar la pandemia. La naturaleza es derroche: sólo pondré uno de múltiples ejemplos posibles: seis millones de espermatozoides mueran para producir un individuo humano. En la pandemia no habría nada distinto que la milenaria práctica inmunitaria de la especie para sobrevivir, mediante la muerte de muchos, para la sobrevivencia de los necesarios. En este punto es que se juntan las dos escalas de observación: la escala poco visible de la especie, con la escala sobrediagnósticada del presente. En este punto de encuentro es que surgen las preguntas, por ejemplo, en torno al confinamiento o la domesticación de la pandemia en lógicas de rebaño. Esto es, pensar en las lógicas tipo Trump-Bolsonaro, posición política-económica; o como los partidarios del confinamiento prolongado, visión de salud pública. Punto de encuentro para generar debates, por ejemplo, en los doctorados en educación. Propongo en este sentido algunos temas que sirvan de acicate, ya no a los periodistas, sino a los docentes y a los estudiantes en comunidades de discusión.
Primera provocación. Qué tal suponer en el coronavirus es el terreno expedito para la emergencia, reactivación y potenciación de prácticas racistas y eugenésicas más sutiles, pero al mismo tiempo más exhaustivas, más selectivas y a escala planetaria para la transformación de una humanidad en posthumanidad. Tal vez ciertos intereses han encontrado un “virus neoliberal”, racista y xenófobo que haga para ellos lo que milenariamente la humanidad ha hecho contra sí misma: exterminar, extirpar, aniquilar, mediante mecanismos tan variados como la guerra, campos de concentración, hambre, pobreza, racismo y creencias. Virus convertido en aliado porque mata lo que odia el neoliberalismo: la decrepitud y la vejez. Hace acaso la humanidad cómplice a la naturaleza de sus prácticas exterminadoras o, por el contrario, la naturaleza hace cómplice de sus lógicas evolutivas a una especie para que se autorregule.
Segunda provocación. Ha logrado la educación moderna establecer una relación individuo especie o, por el contrario, en su insistencia humanista lo que ha hecho es restringir la memoria a una sola forma de la cultura que, en su hybris científica, descarta todo lo que no es ella misma. Habría que poner en cuestión los humanismos y preguntar, por ejemplo ¿por qué la memoria le es tan difícil encontrar más referentes para explicar lo que somos como especie fragmentada en etnias, culturas, estados, que la esclavista Grecia clásica? Y, por esa vía, inclusive, para recurrir todavía memoria monotemática que criticamos, volver en la educación a viejas preguntas como la relación naturaleza y cultura, no para revivir nostalgias, sino, por e contario, para pensar en el futuro de la especie, mediante una educación que reflexione, como Kant proponía, en la perfección de la humanidad de generación en generación, y sea capaz, inclusive, de olvidar mucho de lo que hemos sido en la tradición griega para inventar nuevas formas de habitar el mundo.
Tercera provocación: mirar la pandemia en lógicas de poshumanismo, ¿es el coronavirus un acelerador de procesos totales, una especie de cambio de piel de la cultura para comenzar a ser otra cosa en el lento proceso de perfección de la especie? Autores como André Leroi-Gourhan sostenían que el devenir humano se daba con ciertos cambios de ritmo: un movimiento lento pero constante, refrenado por conservadores del statu quo que no permiten desbordes alocados, empero que cada cierto numero de años, centenas, hay procesos, personas, que producen revoluciones y producen saltos enormes en el proceso de la historia ¿estaremos frente a uno de ellos o, por el contrario, es un fenómeno simple agrandado con las lupas a veces importunas del del periodismo?
Cuarta provocación. Otro fin de la historia. Que significa la educación en formatos digitales. En el mismo sentido posthumanista, es un fenómeno que nos arroja definitivamente al siguiente paso: al de la hibridación física y mental con los aparatos. ¿El nuevo dispositivo, el tecnológico, que lentamente durante un siglo ha ido llenando los intersticios de la vida en sociedad, por fin a alcanzado un punto de saturación en el cual se ha convertido en la nueva forma de habitar el mundo? ¿podría decirse, acaso, que el fin de la historia no tiene que ver con la caída de un modo de producción al estilo Fukuyama, o con el retorno a la animalidad final, al estilo Kojëve, sino con la dilución de los seres humanos en tecnología? La educación en ambientes virtuales, entonces, no solo requieren la dimensión pedagógica para garantizar que los cursos pasen el polígrafo de la calidad de la educación, sino que tienen que ser pensados en los vastos territorios de la especie.
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Estas notas incidentales ponen por escrito pensamientos dispersos de la constante intención formadora cercada, en cierta forma, por una cotidianidad generosa en información y, por tanto, es la primera que se pone en cuestión desde el punto de vista de la educación. Por supuesto, y eso está relativamente bien, todos los sectores, todas las propuestas, todas las organizaciones y teorías intentarán decir algo del coranovirus en sus propias lógicas y según sus preocupaciones y propuestas: la educación en tiempos de coranovirus, la comunicación en tiempos de coronavirus, el pensamiento crítico y la pandemia, siete retos para la universidad después del coronavirus. Pero lo que estas notas doctorales quieran resaltar es la coyuntura inédita para que desde la educación comencemos a pensar, no tanto en cómo nos va a cambiar la pandemia, ni aprovecharnos de ella (como yo aquí) sino reflexionar sobre qué propicia la pandemia para que la educación comience a producir cambios en sí misma, en la sociedad con un referente de especie. Es decir, el coranovirus es una problemática incidental para una educación que debe hacer un alto, balances y proponer nuevos rumbos no solamente para la educación misma sino, como se ha hecho énfasis, para la humanidad misma.
Uno de ellos, fundamental, ya se ve. Es dejar los humanismos locales para pensar lo humano. Es decir, no pensar únicamente en lógicas de un humanismo clásico con ruta sin solución de continuidad entre la Grecia clásica y el presente de las democracias liberales, sino pensar la humanidad como un devenir que necesita convertirse en proyecto común general. Tal vez, inclusive, enfatizar esta transformación, por inverosímil que le pueda parecer a algunos, sea al mismo tiempo formas concretas de poner en cuestión lo somos en perspectiva de superación. Tocar por el único de los metarrelatos que se conservó después de la caída de todos los demás: el de la democracia liberal. Tal vez el coronavirus nos ayude a aflojar la memoria humanista para poder transitar con mayor conciencia de especie hacia terrenos posthumanistas.
Estos son los terrenos de una educación juiciosa, responsable, comprometida con la humanidad y, no tanto, con la democracia, al estilo de filosofas edulcoradas para reforzar sus competencias. En fin, esta es la reflexión incidental sobre el presente: la preocupación por un periodismo que llena el espacio abierto por la pandemia, mientras la educación se preocupa por cómo seguir llevando a los estudiantes sus contenidos estandarizados confiada en que no importa lo que pase todo cambia pero nada cambia.
Ruta bibliográfica de Cuarentena
Agamben, Giorgio (2006). Lo abierto. Buenos Aires: Adriana Hidalgo.
Foucault, Michel (2007). Nacimiento de la Biopolítica. México: Fondo de Cultura Económica.
Foucault, Michel (1968). Las palabras y las cosas. México. Siglo XXI Editores..
Gehlen, Arnold (1993) Antropología Filosófica. Del encuentro y descubrimiento Del hombre por sí mismo. Barcelona: Paidós.
Harari, Yuval (2015). Sapiens. De animales a dioses. Una breve historia de la humanidad, Penguin Random House Grupo Editorial, S.A.U.
Heidegger, Martín (2005) ¿Qué significa pensar? Madrid. Trotta.
Kant, Immanuel (2003) Pedagogía. México. Akal.
Kojève, Alexander (2013). Introducción a la lectura de Hegel. Madrid. Trotta.
Leroi- Gourhan, Andre (1971). El gesto y la palabra. Universidad Central de Venezuela. Caracas.
Oppenheimer, Andrés (2010) ¡Basta de historias! La obsesión latinoamericana con el pasado y las doce claves del futuro. México. Debate.
Serres, Michel (1995). Atlas. Madrid. Éditions Julliard.
Verdú, Vicente. (2006) El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción. Madrid. Anagráma.
Wolfe, Tom (2016). El reino del lenguaje. Madrid. Anágrama.
Zizek, Slavoj (2020) Coronavirus es un golpe al capitalismo al estilo de ‘Kill Bill’ y podría conducir a la reinvención del comunismo. En: Varios autores (2020). La Sopa de Wuhan. ASPO (Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio